Educación deficitaria: problema de urgencia
En esta nueva ocasión que me brinda este periódico amigo, voy hablar de la educación, la cual yo intento tener a discreción en mis artículos. Pero no de la educación que cada cual tenga (o no), sino de la Educación, con mayúscula.
Ya el mes pasado, Rafa Mellado, director de este periódico, publicaba en él un artículo que versaba de lo mismo. Yo suscribo su opinión, como persona que conoce de primera mano el estado del sistema educativo actual, ya que, por suerte, sigo estudiando (algo que en nuestros días es casi patológico).
Asistimos impávidos, al parecer, a un proceso de desgaste progresivo de la educación y la cultura en nuestro país y, con mayor fuerza, en nuestra región. Todos los informes internacionales nos indican que existe una evidente descompensación entre nuestros resultados educativos y el nivel económico y de vida del que disfrutamos.
Algunos, incluso, aducen que es resultado de los atrasos que en dicha materia nuestro país ha heredado de épocas pasadas. En sí, esta afirmación, es tan válida como otra cualquiera, júzguenla ustedes por mí, pero, en relación, lo preocupante no es el mensaje, sino el emisor. Es intolerable que ciertos políticos de gran importancia y altos cargos la utilicen como excusa, como subterfugio, para no actuar de forma eficaz y seguir dejando que el problema se agrave.
En mi opinión, los problemas de nuestro sistema educativo no están provocados por las condiciones desfavorables que hemos recibido del pasado, más bien son fruto de los sucesivos fallos que los políticos, como decía Rafa, “de uno y otro signo” han tenido al respecto. El más importante sin duda es la mutilación del sistema educativo en diecisiete distintos, con la transferencia a las comunidades autónomas de todas las competencias en la materia, para que ellas, según su criterio, elaboren como mejor les parezca un sistema educativo propio. Lo cual ha tenido unos efectos claramente adversos para la igualdad de los españoles, rota por la división entre sistemas que tienen calidad y los que se ven faltos de ella y, sobre todo, entre los que se imparten en castellano y los que son bilingües o, lo que es lo mismo, los que discriminan, mediante fórmulas como la “inmersión lingüística” o “sumersión lingüística”, a la parte del alumnado que quiere cursas sus estudios en la lengua oficial del Estado.
Es necesario, pues, que la educación vuelva a ser competencia exclusiva del gobierno central, pero esta condición, si bien es necesaria, no es suficiente. Además, es preciso que se cambien los modelos pedagógicos que equiparan por lo bajo y que minusvaloran conceptos como el esfuerzo o el trabajo, ya que, entre otras consecuencias nocivas, son el peor favor que se le puede hacer a las clases más desfavorecidas que tienen en ésta su única oportunidad de progreso e inclusión social. También se debería eliminar taxativamente la promoción automática e incentivar la formación profesional.
Todo esto, lamentablemente, nunca será posible si los políticos que nos gobiernan no se ponen de acuerdo y dejan de utilizar la educación como arena para solucionar sus conflictos, si no deciden que el futuro de España, de los españoles, no merece un paréntesis en su batalla campal, un momento, sólo, de cordura y responsabilidad.
Por desgracia, no parece que actualmente esto se vaya a producir. Nuestros políticos parece que están ocupados en asuntos más importantes. Unos se abalanzan como fieras sobre la gacela herida, mientras sus compañeros de partido (los que no tienen poder para mover ficha, es decir, la mayoría) asisten atónitos y agazapados como animales asustados a la granizada, no sabiendo si finalmente parará y saldrá el Sol o si el herido animal caerá y tendrán que esperar a ver salir el humo blanco de las chimeneas de Génova. Los otros, con un placer que roza lo excesivo, las dejan venir, pero viendo que no viene casi ninguna, se sientan en la hierba a esperar momentos de mayor actividad.
Pero Rafa, no te desanimes, porque resulta que si hay alguien que defiende una remodelación del sistema educativo, más o menos, en la línea que he expresado yo arriba. Un joven partido que surgió pocos meses antes de las últimas elecciones y que, encabezado por Rosa Díez, ha conseguido ser la quinta fuerza más votada de España con más de trescientos mil votos, Unión Progreso y Democracia.
Este partido, con sólo un parlamentario (la señora Díez) ha presentado ya una proposición de Ley Orgánica al Parlamento para que se le de al profesorado calidad de autoridad pública, con el fin de restablecer la autoridad perdida por éste en relación al alumnado y a sus familias, que en algunos casos presentan un comportamiento mucho peor que sus hijos.
¡Ah! y está a favor de la “Educación para la Ciudadanía”.
(Artículo adelantado al blog, que se publicará en “Pinatar Información”, edición de Junio)



