Posteado por: joseluisros | 22 junio, 2008

Sigue Mariano, ¡qué sorpresa!

 

 

 

 

Rajoy ufano en Valencia

 

 

Siempre ganan los mejores o eso dice el sentido común, y si Mariano Rajoy ha ganado su congreso levantino, será porque es el mejor de su partido para encabezarlo. Si esto es así, entonces yo pensaba que el PP estaba menos descabezado, pero eso es otro tema. No obstante, la práctica, la vida, nos ha enseñado, a unos más que a otros, eso sí,  que las cosas son más complejas de lo que parecen en una primera lectura y que no siempre los mejores llegan a ser los elegidos, por eso, soy un fementido. 

 

Pero, aunque Mariano no sea el mejor (está claro que el peor tampoco es), hay muchos que se han sorprendido porque, según decían, este hombre era ya “un cadáver político”. A lo mejor se equivocaron en sus predicciones (a todos nos gusta hacerlas y es normal equivocarse, fundamentalmente, porque una predicción, para que sea reconocida como un mérito, debe ser una afirmación con pocas probabilidades de cumplirse; por eso, hay tantos futurólogos y clarividentes en la esfera pública) o, a lo mejor, simplemente, no se han equivocado porque la jugada a sido una mera posposición teatral, tal vez no era el momento idóneo para que el gallego se fuera a tomar sidra o albariño o lo que sea que tome este señor (seguramente lo segundo, por eso de “viva el vino”).

 

Sea una u otra la opción real, lo que es cierto es que no por salir con una amplia mayoría del Congreso de Valencia, Rajoy deja de ser un “cadáver político”, tendrán que producirse otros hechos que corroboren y rubrique una tendencia a la recuperación del control perdido sobre su partido, hechos como la desaparición de mensajes lapidarios lanzados por dirigentes del partido contra su forma de actuar, hechos como la vuelta de ciertos militantes o por lo menos que la marcha de estos se convierta en aislada, hechos, quizás no muy significativos, pero sí altamente simbólicos que atestiguarán tal tendencia y hechos, además, que se producirán con más intensidad en los momentos de necesidad política.

 

Y dichos momentos vendrán, tarde o temprano, por motivos exógenos al partido, como la actuación del Gobierno, o por motivos intestinos (por éstos yo me preocuparía más si fuera de Pontevedra y tuviera barba), propios del partido, como la actuación de sus nuevos responsable (Santamaría, Mato o Cospedal, todas mujeres, con lo que eso representa para un partido “tan poco” ligado a la tradición) o el posicionamiento político que Rajoy desarrolle en los próximos meses, sobre todo, si piensa continuar con su supuesto viraje al centro (aunque Aznar declare que llevan en el centro “desde 1989”), que más bien parece la pérdida de algunos buenos principios (el abandono del compromiso de no dialogar con ETA o una nueva postura, más permisiva, ante los nacionalismos), mientras se mantienen los grandes defectos que hacen del PP un partido que da la sensación de estar más en el pasado que en el presente y que mira más a su ombligo que a los españoles que tiene en derredor.

 

Si bien, una cosa está clara, va a salir reforzado de cara a la escena pública, los ciudadanos (como muestra la última encuesta de valoración de líderes políticos) han aumentado la confianza en él, y es que la necesidad, el drama y la tragedia venden, hasta en política. En cambio, dentro del partido, quien no le ha “soltado” es porque no ha podido, pero qué le importa a los barones del PP si Mariano es un cadáver en política o no, mientras ganen votos, si total, tienen tantos entre sus filas que ya ni los diferencian del resto de militantes. No necesitamos irnos muy lejos, paisanos nuestros hay unos cuantos, sin señalar a nadie: algunos por accidentes aéreos, iban sin el paracaídas de la vergüenza (ya se sabe, falta de presupuesto), y a otros les cogió la trama inmobiliaria, la primera causa de muerte política en nuestro país o, por lo menos, así debiera ser (por desgracia en nuestra región todavía hay gente, incluso pueblos, que no se han enterado de que dicha enfermedad existe y se apresuran a quitarle importancia).

 

No sabemos si, como el Ave Fénix, resurgirá de sus cenizas, pero lo que sí sabemos es que le costará trabajo y esfuerzo, ya que, por un lado, tendrá que volver a conjuntar a su equipo (problemas de vestuario) y, por otro, tendrá que conseguir lo que nunca antes había, ganar unas elecciones nacionales; y no se sabe cuál de las dos gestas es más difícil y cuál de ellas realizará, si es que llega a realizar alguna.

 

 

 

 

 

 

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