Posteado por: joseluisros | 12 julio, 2008

Las Calles de la Muerte

 

 

         El ser humano es un animal simbólico o, lo que es lo mismo, un ser que atribuye un significado subjetivo a los objetos, del cual carecerían de otro modo, un significado que transciende el puramente objetivo. Por este motivo, tenemos una eminente ventaja sobre el resto de los animales del mundo, pero también multitud de problemas que estos ni siquiera pueden imaginar.

 

         Por poner un ejemplo, el ser humano ha interpretado en épocas pasadas que un gato negro era un símbolo demoníaco, atributo evidentemente subjetivo; también le ha concedido a un trozo de tela la representación de todo un Estado o a un dibujo (logotipo) la de toda una empresa, etc.

 

         Como decía antes, los símbolos han ayudado mucho a la evolución del ser humano, pero también le han perjudicado otro tanto, creándole innumerables conflictos, algunos producidos de forma natural o accidental y otros que han sido evidentemente intencionados. Entre estos últimos (quizás los más interesantes y peligrosos), se pueden encuadrar algunos que hemos presenciado en los últimos tiempos: la retirada de banderas en algunos lugares del País Vasco o, siguiendo con el tema de las banderas, la utilización de la española por parte del Partido Popular como un elemento identificativo de la derecha y como manera de discriminar entre patrióticos y no patrióticos o antipatrióticos, (según ellos, seguramente, yo seré un mal español, porque nunca he salido a la calle con una bandera española anudada a la cintura), aunque el Partido Socialista ha sido una víctima que se ha prestado con bastante facilidad a ello, todo hay que decirlo.

 

         Dichos ejemplos son, quizás, bastante malos si los comparamos con el último que ha salido a la palestra: las placas con nombres de etarras. Placas colocadas en las calles públicas de distintas localidades del País Vasco por las instituciones competentes, en este caso los Ayuntamientos respectivos de cada localidad, que llevan el nombre de diferentes etarras, algunos incluso condenados. Y digo que puede que los ejemplos anteriores resulten laxos ante éste en cuanto a paradigmas de buscadores del conflicto, porque éste resulta a todas luces una provocación sin paliativos ni cortapisas a todo el Estado.

 

         Sin embargo, como supongo que todos saben, la Audiencia Nacional ha dictaminado que mantener vigente este atentado contra la razón no es delito; colocar las placas sí, pero mantenerlas no, es decir, se castiga el delito en su vertiente activa pero no en la pasiva. Imagínense que, como es obvio, fuese delito matar a alguien, pero (olviden la lógica), sin embargo, no lo fuese pasar por delante mientras lo están haciendo y no intentar impedirlo o, incluso, descubrir a una persona herida de muerte en la calle y pasar de largo como si nada. No obstante, el derecho a veces es así, a veces va por detrás de la sociedad y le cuesta alcanzarla.

 

         Alguien podría comparar el caso con el de la existencia de placas con el nombre de personajes de nuestra historia que tuvieron el dudoso honor de matar a más gente que ETA en toda la suya, ya sea directa o indirectamente, pero este caso, que no puede justificarse de ninguna forma coherente con la empatía, es algo diferente por lo anacrónico de sus consecuencias, por haberse producido en otra época (no obstante, ojala no tuviese que hablar de ello, porque no existiese tal ejemplo, claro está).

 

         Estas placas son el testimonio fidedigno de la realidad actual, de las noticias que con excesiva regularidad nos asaltan, estas calles  exhiben, sin ningún tipo de pudor, la desvergüenza más histriónica, la del culto al terror. Las calles de la muerte no son calles donde se haya asesinado, allí nadie ha perdido la vida, porque las calles de la muerte son de la muerte por representar, por simbolizar, la barbarie y lo inmoral de la muerte por la muerte.

 

 

 

 

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Responses

  1. Sólo dos matices. No creo que el PSOE haya sido víctima en el tema del uso de las banderas. En todo caso, los demás hemos sido víctimas de su inhibición en este asunto. En cierto momento álgido del incumplimiento de la Ley de banderas,el Gobierno, muy en su estilo, negó el problema y miró hacia otro lado. La bandera, como ha dicho Savater, es el simbolo de nuestras libertades. Si la veo que esta puesta en su sitio, sé que ahí van a defender mis derechos.Si se niegan a ponerla, como mínimo, me surgen dudas de si los defenderán.
    La segunda apreciación es realtiva a lo del nombre de las calles. El Código Penal que considera delito el ponerlo es del 2.000. Lo que se hizo con anterioridad no se puede sancionar. Así que habrá que buscar otra fórmula. Pero no dejar las calles con esos nombres,indignos para las víctimas.

  2. Jose, me dá mucha tristeza tener que darte la razón una vez más, pero ciertamente nuestros dirigentes cada vez son más silentes en cuanto a terroristas se refiere, en su línea gubernamental dán la callada por respuesta y con ello consienten y consiguen mantener y reabrir heridas que vuelven a ser ataques terroristas en si mismos, mientras que por un lado con su desfachatez habitual dicen que no se politize con las victimas, por otro lado avivan el miedo y la injusticia . No solo no intentan comprender a nuestras victimas ni a sus familiares ,sino que enciman tenemos que ver como homenajean a los asesinos;Algo en este país tiene que cambiar y espero que para mejor, pues en materia terrorista ,peor, no se puede hacer.


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