Posteado por: joseluisros | 23 julio, 2008

Zapatero o Rajoy: escasez de oferta

 

          

 

 

 

 

         Zapatero y Rajoy se reúnen y llegan a acuerdos importantes en materia antiterrorista y para la renovación de las instituciones jurídicas, en el endurecimiento de las penas para los violadores y la creación de un registro de pederastas, pero, sin embargo, difieren y no llegan a ningún acuerdo en materia económica. Esa es la noticia en crudo, sin interpretaciones ni opiniones, no obstante se hace imposible no hacerlas.

 

         En una lectura simple, impresiona el viraje político y de planteamiento efectuado por el Partido Popular al acercarse a la postura antiterrorista del Gobierno, sobre todo porque no parece que ésta haya evolucionado mucho desde la ruptura de la tregua hasta ahora y porque, por poner un ejemplo, una de las condiciones que hasta hace poco eran irrenunciables para que el PP diera su apoyo a Zapatero en la lucha contra ETA, la declaración total y taxativa de que nunca más se iba a negociar con los terroristas, no se ha producido (acuérdense de las declaraciones del Ministro Bermejo, sí, ese mismo que fue de número uno por Murcia en las últimas elecciones).

 

         También es de destacar, cómo la presión popular y ciudadana finalmente hace mella en los políticos y, de vez en cuando, avoca a que éstos implementen políticas que respondan a ella, como las que los dos líderes han pactado sobre el endurecimiento de las penas a los violadores y la creación de una lista en la que queden registrados todos los nombres de los pederastas condenados.

 

         Sin embargo, haciendo una lectura más en profundidad, llegamos ha conclusiones un poco menos prosaicas y más interesantes, aunque, también sea dicho, el giro de Rajoy es muy llamativo e interesante. Como por ejemplo, la actuación de Zapatero, que sorprendentemente ha jugado perfectamente sus cartas (o quizás ha sido simplemente suerte) y ha embaucado de forma magistral a Rajoy. Me explico. Ahora que el tema más acuciante es el económico, ahora que el tema de la negociación con ETA es cada vez menos recurrente, ahora que se ha descabezado a la banda y se ha detenido a su comando más activo; cuando, además, se ha recurrido el Plan Ibarretxe, ahora es cuando él cede, cuando él pacta con la oposición, cuando vuelve la calma a ese asunto y cuando, también, declara que las propuestas en materia económica que presenta el representante de la oposición no aportan nada provechoso y, por supuesto, ni llegan ni llegarán los acuerdos en ese sentido.

 

         Esa es la estrategia que parece que el Presidente pretende llevar, pactará, cederá y hará lo que sea necesario en aquellas áreas “secundarias” en la agenda política, para así mostrarse fuerte e impertérrito en aquéllas que él o su partido consideren fundamentales. Además, para qué negarlo, el famoso “viraje” de la oposición, convierte al PP en un compañero de viaje idóneo para que las cesiones sean las menos y puedan ser sufragadas con un saldo político muy bajo.

 

         Así que de esta reunión se extrae que hay un principio de Pacto de Estado en materia antiterrorista que supone una señal positiva, un acuerdo para renovar las instituciones jurídicas, algo que se hacía más que necesario para el buen y regular funcionamiento democrático, también un acuerdo sobre el endurecimiento de penas, como ya hemos dicho (mi reconocimiento a los colectivos que se han visto obligados a salir a la calle para pedir dicho endurecimiento, ya que se ha demostrado que tenían una gran parte de razón y porque su esfuerzo, si finalmente se cumplen las promesas que hoy ambos líderes nos han transmitido, ha merecido la pena), y resulta muy interesante sobre todo por lo simbólico del encuentro: quizás sea hora de dejar atrás el clima de enfrentamiento y confrontación, a veces irracional, que se ha vivido en los últimos tiempos en el arena política, pero precedida, evidentemente, por un recurso a la coherencia y la intencionalidad de procurar una mejor salida al conflicto y no una mejor salida política al conflicto, que es lo que la mayoría de los políticos actuales parecen buscar, con la salvedad de honrosas excepciones.

        

 

 

 

 

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