Posteado por: joseluisros | 6 septiembre, 2008

El calentamiento del país que perdió la Guerra Fría

 

       

          Desde las exhibiciones militares siberianas, pasando por la reivindicación de parte del pastel ártico, hasta sus presiones y esfuerzos por incorporarse al G-8, son  pruebas y manifestaciones del intento por parte de Moscú de romper con la famosa máxima de Fukuyama expresada en su obra El fin de la historia y el último hombre. Buena prueba de ello son estas declaraciones de hace pocos días del Presidente Dimitri Medvédev: “Un mundo con un único polo es inaceptable. Rusia no podría aceptar un orden mundial donde todas las decisiones son tomadas por un sólo lado, aunque ese sea uno de los más poderosos como Estados Unidos”, las cuales muestran que las más altas autoridades rusas aún siguen ancladas en su macabro pasado, ese que es nuclear, atroz e insaciable. La invasión de los territorios georgianos de Abjasia y Osetia del Sur sólo ha sido un hito más en su larga lista…

 

         Sobre si dichos territorios pertenecían o pertenecen a Georgia legítimamente mucho se puede debatir, lo cierto y verdad es que los osetios históricamente han sido un pequeño pueblo sometido y masacrado en multitud de pequeños conflictos, máxime después de 1918 y la independencia de Georgia de la URSS, momento tras el cual, ambos países, se han estado disputando casi continuamente el control de la región. Pero lo relevante de la cuestión, ahora mismo, es la impunidad con la que se ha saltado la legalidad internacional Rusia. Los incidentes importantes más recientes en relación al conflicto datan del pasado marzo, fecha en la cual Osetia del Sur solicitó su independencia, alentada por el proceso paralelo kosovar. El día 20 del mes siguiente un avión no tripulado georgiano fue derribado en el cielo de Abjasia y tras un proceso de investigación, la ONU, identificó la autoría rusa, a lo que este país respondió enviando nuevos contingentes de tropas a la zona. Georgia por su parte les pagó con la misma moneda, convirtiéndose ya en el mes de mayo ambos territorios en sendos polvorines.

 

         Pero sería inocente pensar que tras estos movimientos militares no existen intereses económicos que empujen a los dirigentes políticos de ambos países a emprender las citadas acciones. En el caso de Georgia, debido a lo limitado de su extensión, renunciar a Abjasia y Osetia del Sur, le supondría perder más del 19% de su territorio y cerca de 300.000 habitantes; el caso de Rusia es algo más complicado y atiende más a la importancia geopolítica y estratégica que para este país tienen dichas zonas, en dos formas, para aumentar su poder y para que no le arrebaten el que ya tiene. Me explico: para que no le arrebaten el que posee, ya que Georgia es uno de los países por los que se piensa que pase (o al menos se pensaba) la que será una de las obras gasistas más importantes de toda la UE, el Nabucco, un gaseoducto de 3.400 kilómetros que pasaría después por Turquía, Bulgaria, Rumania y Hungría, y que traería para 2012 gas de los principales productores al sur de Rusia, existiendo incluso la posibilidad de que fuese ampliado para conectar con las reservas iraníes. Todo ello, evidentemente, haría que Gazprom, la empresa nacional del gas ruso, perdiese poder y, con ella, su gobierno influencia.

 

         Además, Rusia, debido a sus inextinguibles ansias a lo largo de la historia por poseer una red de bases navales que le permita cierto dominio geoestratégico en el Mediterráneo, considera el área abjasiana, preeminentemente costera, un enclave de vital importancia para sus aspiraciones. Situación agravada por la aparente fecha de caducidad que el gobierno ucraniano ha puesto al principal puerto ruso en la zona, Sebastopol, aunque Moscú se reserva el as en la manga de la Península de Crimea, donde está situado dicho puerto y que cuenta con mayoría rusa. Por ello, no nos es de extrañar que, llegado el 2017 (fecha en la que caduca el contrato de alquiler de Sebastopol), Rusia desencadene en dicha zona un conflicto parecido al que hoy en día les produce insomnio a los diplomáticos europeos. No obstante, las posibilidades de algo así se verán disminuidas tras la incorporación de este país a la OTAN, que parece inminente.

 

         Sin embargo, aún nos queda un tercer actor de vital e imprescindible importancia, y no me refiero a EEUU, que más bien ha tenido relevancia en los preliminares del conflicto que en la actualidad (sobre todo, con la inapelable provocación de su escudo antimisiles), sino a la propia Unión Europea, la cual en vez de postularse como el árbitro que debería y enarbolar la bandera de la razón y la coherencia, ha demostrado su falta de cohesión en política exterior y su debilidad diplomática, la última fruto de la primera (como muestra la poca relevancia que en este conflicto está teniendo el máximo representante de su política exterior, Javier Solana, suplantado en su papel por el presidente francés Nicolás Sarkozy). La UE, no sólo no condenó el primer uso de la fuerza protagonizado por Georgia, lo cual debería haber hecho para poseer plenamente la autoridad moral necesaria para reprocharle a Rusia su posterior invasión, sino que además ahora se muestra, después de que este país incumpla por enésima vez sus promesas, débil y timorata, incluso alguien podría pensar que hipócrita, y no sanciona algo tan banal y nimio como el incumplimiento de un acuerdo de paz.

 

         El único líder que, desde mi punto de vista, ha sido todo lo coherente que una situación como ésta exige es Gordon Brown, el cual ha publicado hace pocos días un artículo en el que declara algo tan obvio, pero extraño de escuchar en boca de un mandatario de la UE sobre este conflicto, como que “no puede permitirse a ningún país el dominio energético de Europa” o que se debe aumentar “los fondos para un proyecto que nos permita aprovisionarnos energéticamente del mar Caspio y reducir nuestra dependencia de Rusia”. Y es que la dependencia energética del exterior que tiene Europa es excesiva y preocupante. Además, se estima que irá, como ha sucedido en los últimos años, en constante aumento, lo que nos debería hacer replantearnos en todo el continente las formas de garantizar un crecimiento más sostenible que el actual, el cual difícilmente puede estar fuera de la combinación de una inversión mayor en energías renovables y de una revisión, sobre todo en nuestro país, de las políticas que impiden el debate sobre la energía nuclear, fundamentalmente, la moratoria nuclear.

 

         A la luz de estas palabras, no creo que ningún lector  pueda sorprenderse de la paupérrima calidad de la democracia rusa, país que ha realizado su “transición” a la democracia sin cambiar de coalición dominante, por lo que más bien parece que  ha protagonizado un reequilibrio en ella; en el cual la libertad de prensa es más que cuestionable, no en vano está en el puesto 144 del Índice de Libertad de Prensa de Reporteros sin Fronteras y en el puesto número 9 del de Impunidad para Asesinar Periodistas elaborado por el Comité para la Protección de los Periodistas; y en el que en los últimos diez años se han aumentado considerablemente las diferencias entre pobres y ricos, pareciendo que su mayor logro desde la Guerra Fría es haber convertido a Moscú en la ciudad más cara del mundo y, por ende, en una de las más capitalistas. No obstante, sea o no todo lo democrático que nos gustaría, esta Europa, la Europa que creo que todos queremos tener, debe ser contundente con todas y cada una de las provocaciones del régimen ruso, ya que éstas van en contra de la soberanía de las instituciones europeas y, por tanto, de nuestros derechos como europeos. Si no lo hace, no podrá cumplirse la máxima que reza el preámbulo de la non data Constitución Europea (recordada por Rosa Díez en la presentación de Sosa Wagner como número uno para las elecciones europeas del próximo junio): un espacio especialmente propicio para la esperanza humana“.

 

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Responses

  1. Un gran artículo, pero le falta un dato importante que revela la incapacidad de la UE y su falta de legitimidad como arbitro del conflicto. La posición respecto a Kosovo. ¿Habría actuado de la misma manera Rusia si la declaración de independencia de Kosovo no hubiera estado apoyada por EE.UU. y los países más influyentes de la UE. ?. Posiblemente si, pero el marco donde se produjeran esos hechos seria otro y las consecuencias, distintas. Y algo que pasamos por alto muchas veces, pero que es importante. Las opiniones públicas de los países europeos no verían la actitud de sus gobiernos como hipócrita, que a fin de cuentas es lo que han demostrado ser, debido a la distinta vara de medir ( a pesar de las distancias entre ambos conflictos) y gozarían de más apoyo popular si en un futuro tuvieran que tomarse medidas drásticas que en buena parte afectarán a sus pueblos y por tanto a su bienestar.

    El mapa geo-político es muy semejante a un tablero de ajedrez. Para adoptar una táctica ofensiva, se deben tener muy bien situadas las piezas, controlando el mayor numero posible de cuadros, impidiendo o poniendo muy difícil los movimientos del contrario. Sin embargo occidente, en el caso de Kosovo, no ha tenido nunca sus piezas bien situadas en el tablero. Sus flancos han estado lo suficientemente libres como para permitir ser ocupados por las negras, que han logrado una posición de fuerza muy ventajosa en la partida, poniendo en grave peligro la táctica, en buena medida anárquica e improvisada, del contrario.

    Saludos

    Ramón


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