Posteado por: joseluisros | 7 noviembre, 2009

Mater España; los sentimientos a un lado.

Bandera española

Aprovechando la ocasión que me han brindado, tanto el profesor Fernando Jiménez, profesor titular de la Universidad de Murcia en el área de Ciencia Política, como el programa Azufre Rojo de la 7 Región de Murcia, de asistir a dicho foro para participar en una charla-debate sobre la Nación Española, me voy a permitir escribir este artículo sobre esta espinosa y difícil cuestión.

En primer lugar, para las personas que no estén familiarizadas con los conceptos Estado y Nación, me gustaría establecer la adecuada distinción entre ambos. Mientras el primero es, en palabras del profesor Ignacio Molina, “la formalización de una autoridad permanente y pública que domina, por el interés general, un espacio territorial cerrado y a las personas que en él viven”, es decir, el concepto Estado, por así decirlo, hace referencia a la institución jurídico-política. Por el contrario, el concepto de Nación hace referencia, sin embargo, a la existencia de un sector social que siente o cree pertenecer a un mismo colectivo étnico, lingüístico, cultural, etc. (da igual que las razones sean muchas o pocas, lo importante es la percepción de esas personas), y que normalmente pretende su independencia política.

Teniendo en cuenta estos conceptos y aproximándonos algo a su significado, podemos comenzar a hablar del caso que nos ocupa, el español: éste, como todos los demás procesos de formación nacional, son construcciones política históricas, es decir, no son inmanentes, no existen desde el principio de los tiempos y no están determinados inquisitivamente a existir. Más bien todo lo contrario, son fruto del proceso político de movilización y nacionalización, que en España como en cualquier país de Europa, se ha llevado a cabo. Ahora bien, en nuestro país, a diferencia de otros como Francia, dicho proceso de construcción nacional a través del Estado, que normalmente suele antecederle en los casos más antiguos como el español, ha sido imperfecto y se encuentra inacabado. La prueba del algodón en este sentido la podemos realizar con una acción tan simple como leer los titulares de los diarios españoles cualquier día de la semana, ya que es prácticamente imposible que en ellos no se encuentre ninguna alusión a reivindicaciones o victorias políticas de los nacionalismos periféricos españoles.

Para hablar claro, España como ha escrito el profesor Juan Linz, “es un Estado para todos los españoles, una Nación-Estado para gran parte de la población, y sólo un Estado, y no una Nación, para minorías importantes”. Esta es una realidad, yo diría, incuestionable, producida en una parte muy importante por el irregular proceso de nacionalización español durante el siglo XIX, el siglo por excelencia de las construcciones nacionales, debido a la debilidad económica y social del Estado en dicho período. Los liberales españoles no supieron o no quisieron prestar la suficiente atención a este problema, y nuestro país, a diferencia de otros del entorno como Francia, no realizó el suficiente esfuerzo en generar una educación estandarizada para todo el país, en construir unas adecuadas infraestructuras comunicativas, en que instituciones como el ejército funcionasen de forma efectiva como elementos nacionalizadores, en homogeneizar el sistema fiscal y administrativo, etc.; de aquellos barros estos lodos.

Por los efectos producidos por ese problema, ese gran problema que atenaza a nuestro país, es por los que surgió en parte Unión Progreso y Democracia, porque los partidos nacionalistas, hijos no muy agraciados de esas dificultades de construcción nacional, han estado, desde el inicio de la democracia, cuestionando los preceptos constitucionales más elementales, el de soberanía de la Nación española, por ejemplo, y consiguiendo para los ciudadanos de sus autonomías respectivas mayores derechos que los del resto de los del país, o lo que es lo mismo, privilegios. Y en el presente con mayor fervor si cabe y mejores resultados para sus intereses. Mucho peores, claro está, para los de los demás.

Por eso, tiene sentido, en este contexto aciago que vivimos de estatutos de Cataluña y blindajes de cupos injustos e insolidarios, el que nos preguntemos, como en Francia han hecho, si es necesario renacionalizar nuestro país, promover la identidad nacional (allí lo han hecho mediante el Ministerio de la Identidad Nacional). La rápida respuesta que yo encuentro a esa pregunta es que sí, pero es evidente que renacionalizar en España significa promover sentimientos que casi siempre suelen ser contraproducentes. Me explico: el nacionalismo, sea del signo que sea, suele ser negativo, ya que consiste en sentimientos de pertenencia colectivos muy fuertes que generan normalmente exclusión y segregación, mientras que lo que intento defender es todo lo contrario. Ahora bien, el renacionalizar España, en el sentido que puede defender la coherencia, significa promover los argumentos que nos unen, “lo que nos une”, sin que por ello tengamos que renunciar a nada de lo que nos diferencia, nos hace especiales y permite que entre unos y otros nos complementemos.

Renacionalizar suena muy feo, digamos reunificar las conciencias individuales en los lazos de hermandad, en las razones de cohesión, en los valores comunes, etc. Ese debería ser el principal objetivo de “Educación para la ciudadanía”, hacer ciudadanos que quieran vivir en comunidad, que quieran convivir y colaborar entre sí, conforme al Derecho y a los valores democráticos. Ahí, en la educación, también es donde se puede introducir otra herramienta de vital importancia, además de la de hermanarnos dentro de nuestro país, tanto los sectores de nuestros ciudadanos que no se siente bien integrados en nuestra Nación, como las personas que han llegado en los últimos años procedentes de otros países. Dicha herramienta es la promoción mediante la educación de los valores culturales europeos, de los que incluso los grupos más irreductibles del nacionalismo periférico español se suelen sentir orgullosos. Una asignatura de cultura europea debería integrarse en los planes de estudios futuros y debería plantearse ya en el debate que se avecina sobre un Pacto por la Educación, aunque fuese insertada dentro de la propia Educación para la ciudadanía.

Tenemos un problema de difícil solución, pero un problema al que se le debe poner solución, ya que se agrava por momentos. Los nacionalismos periféricos han utilizado y utilizan allí donde les es posible, la Educación como medio para insuflar en las mentes de los pequeños estudiantes la semilla ideológica de sus planteamientos, lo que es inimaginable que pudiese pasar y, sobre todo, que pudiese ser aceptado, en otros casos a nivel nacional (que el PP marcase un plan educativo que lanzase el mensaje de que ser conservador es bueno, por ejemplo). Lo que supone un menoscabo democrático importante, ya que los ciudadanos resultantes de esos sistemas, no serán por regla personas autónomas para decidir y opinar sobre nacionalismo. Es decir, el nacionalismo, al hacer esto, atenta contra la libertad esencial de los ciudadanos de forma flagrante. Por ello, se debe utilizar el mismo medio, la Educación, para reconducir esta deriva, para que mediante ella se enseñe a convivir y a respetar y a apreciar a los demás, ni mucho menos que se limpien conciencias, que se manipulen contra las señas de identidad particulares o colectivas de nadie, tampoco que se defienda lo español como algo metafísico ni que se llore por la bandera, simplemente que nos respetemos y que consigamos vivir en concordia.

España a unos les duele y a otros les mata, unos le rezan y otros la maltratan, diría un poeta. Tenemos una propensión, cada vez menor por suerte, ha presentar posiciones extremas con respecto a este tema, seguramente la Guerra Civil y la dictadura tanga mucho, por no decir casi todo, que ver. Eso hora de superar ambas cosmovisiones reaccionarias, es hora de abrir las mentes y pensar simplemente en cuáles son las mejores formas de vivir mejor, los sentimientos a un lado.

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Responses

  1. PLAS PLAS PLAS… enhorabuena por el texto.

  2. Me ha gustado. No hace falta ponerse patriótico ni ser facha para poder defender España y la igualdad de todos los españoles.

  3. Como siempre…magnífico Jose Luis

    • Muchas gracias chicos, me alegro de que os haya gustado. Como tú has dicho Alberto no todo el mundo que defiende la unión de la ciudadanía española lo hace desde posiciones reaccionarias, ni mucho menos.


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