Posteado por: joseluisros | 15 junio, 2011

La Alternativa al sistema: UPyD

Estos días, hemos asistido al ascenso de un movimiento social, a su apogeo, como mostraban los tabloides de todo el mundo, y, por último, a su putrefacción y descomposición en bandas antisistema y radicales, que han utilizado la violencia como forma de expresión de su “indignación”. El 15-M ha puesto encima de la mesa cuestiones tan importantes como la reforma de la Ley Electoral, la necesaria independencia del poder judicial o lo antisocial de esta crisis y su salida. Todas estas cuestiones, qué duda cabe, son de una importancia capital para nuestro sistema político, o mejor dicho, para mejorar nuestro sistema político.

Por eso, la mayoría de los españoles, entre los que me incluyo, han simpatizado desde sus inicios con este movimiento, porque ha planteado cuestiones de sentido común, en su mayoría, aceptadas popularmente como necesarias, y, encima, de forma pacífica. Es más, soportando estoicamente un comportamiento de coacción aparentemente desproporcionado, de manos de la policía, como se vio en Plaza Cataluña.

Pero el tiempo todo lo puede y da la sensación que también le sucede lo propio al 15-M, y es que los “indignados”, desde su comienzo han estado formados por una amalgama bastante heterogénea de grupos, entre los que han estado los antisistema, pero, mientras el músculo del resto del grupo ha estado fuerte, la masa ha absorbido a los radicales. Parece que ya no, coincidiendo con la retirada de las acampadas en varios sitios de España, y también con la oposición a dicho proceso por parte de los más radicales en Barcelona, que ya manifestaron que ellos iban a seguir acampados, se han producido dos hechos vergonzosos. El acoso a Gallardón a las puertas de su propia casa y cuando sacaba a su perro a pasear, que manda cojones, y a las puertas del Parlamento Catalán, las agresiones a parlamentarios.

Estos dos hechos le han restado dignidad al movimiento de los “indignados”. Es cierto que una parte no hace al todo, pero, lamentablemente, en nuestra sociedad los hechos simbólicos pesan a veces mucho más que las reivindicaciones sensatas. Si el grupo quiere salvar los muebles y no ser rechazado y condenado socialmente, acabando definitivamente con sus posibilidades de ser escuchado y tener trascendencia, debe censurar estos comportamientos con total firmeza. Si no lo hace, estos hechos serán su causa de fallecimiento.

No obstante, es más que evidente que tarde o temprano, tendrá que dejar paso a los partidos políticos, si es que estos oyen sus propuestas, o, incluso, deberán apoyar consecuentemente a aquéllos que ya las defendiesen con anterioridad, aunque en la sociedad que tenemos, tan mediatizada por el azul y el rojo, muchos no sepan si ese tipo de partido existe.

Muy a propósito de todo esto fueron las palabras de Alonso de Santos el pasado día 3 de abril en el mitin de UPyD en la plaza de toros de Vistalegre, cuando el 15-M no era aún nada: “Estoy indignado”, comenzaba diciendo, “la indignación a veces es buena y sana”. Premonitorias palabras, más aún, cuando continuaba diciendo algo tan sensato como esto: “estamos hartos de huecas palabras, falsas  sonrisas y mentirosas explicaciones”, “estoy harto de que nos tomen por tontos, cada día nos toman por tontos”, “estoy harto de que nos traten como súbditos obedientes y sumisos, en vez de como ciudadanos libres y exigentes”. Pero sobre todo me quedo con esta simil que él utilizaba: “cuando un vaso está sucio, todo lo que se echa en su interior se ensucia y se corrompe, da igual las intenciones que se alberguen o la ideología bondadosa que se exhiba o si el agua del grifo es inocente. Si el vaso está sucio, enturbiará y perturbará todo lo que se eche, todo quedará pervertido. Muchas de nuestras instituciones son esos vasos sucios”.

Este es sin duda el espíritu del 15-M, y José Luis Alonso de Santos pueda parecer su primer ideólogo (mejor suerte correría este grupo, si fuese de Santos su ideólogo, mucha mejor suerte), porque sin duda, lo que subyace en el movimiento es el desapego social a nuestras instituciones y a nuestros políticos, continente y contenido. Pero es lógico ir más allá, ese es el mismo sentimiento que despertó otro movimiento social, el que hace más de tres años formó Unión, Progreso y Democracia.  A nosotros también nos podrían haber llamado “indignados”, de hecho, recuerdo unas palabras de mi amigo Manuel Hernández que viene al pelo: “somos ciudadanos hartos de estar hartos”, si eso no es indignación…

Pero si sólo fuesen los sentimientos los que nos homologasen, no sería para tanto, pero no nos quedamos ahí. En prácticamente todas las reivindicaciones políticas de ampliar y profundizar la democracia, de reconstruir y regenerar esa democracia venida a menos, UPyD no es sólo un defensor, sino, además, el culpable de que hayan podido ser recogidas por el 15-M, porque hemos sido nosotros como partido político los que hemos obligado a que estén en la agenda política, como la reforma de la Ley Electoral, la separación de poderes o la reforma de las instituciones demás básicas, y también, de oposición a las medidas antisociales de ZP, que antes de hacer cualquier recorte, debería empezar por los privilegios de la casta política.

Si el movimiento continúa de forma sensata y pacífica, me alegraré, si no, será el momento que deje paso al único partido que realmente lucha por la regeneración democrática, UPyD, como dijo Alonso de Santos “para que pueda limpiar esos vasos sucios”.

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Responses

  1. Ciertamente, la violencia siempre es condenable. No cabe duda. Sin embargo, meter a todos en el mismo saco, bajo la denominación de “antisistema”, es mirar con lupa estrecha. Afortunadamente, vivimos en un Estado de Derecho bastante maduro, donde hay lugar para el pluralismo.

    Afirmar que “lo subyace en el movimiento es el desapego social a nuestras instituciones y a nuestros políticos” supone dejar de manifiesto la total ignorancia acerca del 15M y esgrimir un argumento peliagudo más propio de la derechona. La cuestión es si las instituciones se han divorciado de la sociedad y la actual clase política únicamente se representa a sí misma. Por otro lado, los miembros del 15M reivindican como valor la participación ciudadana en el Sistema, más allá de los 4 años entre elección y elección.

    Deduzco por tu artículo que defiendes un modelo de Estado bastante conservador donde apenas hay lugar para la crítica constructiva y la autocrítica, sin olvidar que ese modelo es más formal que real. Hoy en día, los tres verdaderos poderes residen en la economía, los mass media y el poder político. Constituye un hecho fehaciente. Entonces, ¿qué lugar ocupa la ciudadanía en la toma de decisiones? ¿Realmente se le da a la ciudadanía la oportunidad de elegir un modelo de Estado o ya se le da un único modelo sin otras opciones? El voto no es suficiente.

    Para finalizar, me pregunto si, además de leer la prensa, alguna vez has dedicado tu tiempo para conocer de primera mano a los protagonistas del 15 M de esta Región. Sería un buen gesto por tu parte, sobre todo, un excelente ejercicio de toma de contacto con la realidad, la de la calle, más allá de los despachos.

  2. A os ciudadanos que no participan en la vida política les es más cómodo apalancarse en una plaza con discursos demagógicos…


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