Posteado por: joseluisros | 29 octubre, 2012

¿El ocaso del PSOE?

 

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Ayer, 28 de octubre de 2012, fue el trigésimo aniversario del mayor triunfo electoral del Partido Socialista, aquél que le dio su primera Presidencia del Gobierno con nada menos que 202 diputados, 177 del PSOE y 25 del PSC, con un 48.34% de los votos válidos de los españoles. Aquellas elecciones suponen para muchos historiadores la culminación de la Transición en un sentido amplio, consolidando a nuestro país en la democracia, con una alternancia ideológica que contestaba al sofocado golpe de Estado del año anterior.

Eran, sin duda, otros tiempos para el socialismo español. Todo les había salido bien, Suresnes, su proceso de selección de élites políticas, la colonización social, la moderación de su imagen pública; todo. Comenzaban los años de mayor éxito de la marca PSOE, la que se fue difuminando al acercarse el final del Gobierno González y que caería después en un tiempo de pérdida de rumbo que sólo pareció solucionarse en el año 2000, con la llegada del nuevo flamante Secretario General, José Luis Rodríguez Zapatero. La historia de después ustedes ya se la conocen a la perfección.

El PSOE se encuentra hoy, treinta años después de su primera victoria electoral nacional, en la situación más crítica de sus más de cien años de historia, y la peor noticia para el partido es que no parecen avecinarse tiempos mejores. El liderazgo de Rubalcaba se ha sumido en la categoría de bono basura después de las elecciones vascas y gallegas, en las que el PSOE se ha debilitado más que el PP, pese a que este último esté soportando el duro desgaste de los recortes y la pésima situación económica. Y ello, teniendo aún en la memoria el bálsamo de las asturianas y andaluzas, en virtud de las cuales empezaba “un nuevo ciclo político”, según el propio líder del socialismo español.

Ahora, todos apuntan las recetas mágicas para que le PSOE vuelva a tener 11 millones de votos: todos llegan a las mismas conclusiones, aunque con distintos protagonistas, cambio de líder/es y refundación ideológica. Conceptos como “parroquia socialista” o “votantes del PSOE”, inundan los periódicos y los tabloides digitales. El fallo de planteamiento está muy claro. Ya no existe esa parroquia ni esa familia de votantes. Cada vez importan menos el recurso hacia lo malos que son los otros, porque cada vez se tiene menos confianza en los dos partidos grandes del sistema político español. Más que líderes y proclamas, los ciudadanos votan por la experiencia política que han vivido y percibido bajo los mandatos de esos partidos. Por eso el PP va a tener mucho más difícil a partir de ahora apelar al voto económico y a su condición salvapatriana.

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El problema de verdad para el PSOE es el propio PSOE, sus actos bajo el mandato de ZP y la deriva ideológica que éste le imprimió: la condescendencia absoluta hacia el modelo de una España que dejara de serlo. El Congreso del año 2000 fue decisivo, dos concepciones opuestas se enfrentaron, la de Bono y Rosa Díez, que arrastraban la idea tradicional del PSOE sobre el Estado, ésa que lo convirtió en partido vertebrador de España, y la de Rodríguez Zapatero. De esos barros, estos lodos.

Rubalcaba no es más que una víctima de la inercia electoral del PSOE, por mucho que también haya sido parte imprescindible de su actuación, como lo fue Chacón. El liderazgo que se postula es de una pusilanimidad preocupante, ya que amenaza con relegar al PSOE a una posición de partido testimonial. Ni contigo ni sin ti (Rubalcaba), tienen mis males remedio, parece decir el PSOE entre sollozos. Pero no es menos cierto que en el contexto actual de crecimiento constante de la personalización de la política, la cuestión del tamaño del liderazgo, sí importa.

El liderazgo que el PSOE necesita, aunque no vaya a hacer milagros por sí sólo, debe cumplir 3 requisitos: juventud, carisma y fortaleza intelectual. Es, al menos, lo que yo le pediría si fuese militante o votante del PSOE. Y realizando un casting entre las caras visibles de un partido fuertemente estructurado, en el que, sería absurdo negarlo, sólo unos pocos bien situados pueden aspirar a ser su líder, la situación es bastante decepcionante. Madina, Pages, Antonio Hernando, Tomás Gómez, Óscar López y algún que otro joven dirigente andaluz, no tienen la amplitud carismática suficiente, no son líderes como para remover las bases electorales y dotarlas de ilusión. Otros como Vara o López Aguilar, no parecen tener los apoyos necesarios dentro del taifado que es hoy en día la familia socialista. La partida parece ser a dos: Paxti López y Carme Chacón.

Son dos dirigentes con carisma, experiencia, juventud y posicionamiento suficiente, pero debilitados por la situación actual del partido. Los dos tienen una posición de exposición electoral, Patxi ha sufrido una dura derrota que lo deja muy tocado y Carme va a capitalizar inevitablemente el más que seguro varapalo electoral del PSC el próximo 25 de noviembre. Aquí es donde se le abre la puerta a uno de los mayores apoyos de Chacón en el último congreso socialista, aunque jugase el papel de neutral: José Antonio Griñan. La conservación de Andalucía, sin la que podríamos estar hablando ahora de la más que posible desaparición del partido, ha hecho que sea el hombre con mayor poder público del partido, después de la incineración de Rubalcaba. Griñán no jugó sus cartas hace 8 meses porque no las tenía, ahora sí.

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Sin embargo, dejando a un lado lo futurible, la realidad presente del PSOE es que es un partido roto en lo ideológico, sin liderazgo definido y con unas perspectivas electorales que lo acercan al abismo. Sus barones se reposicionan en los bandos, que ya no son ni mucho menos dos, prestos a intentar convertirse en cabeza de lo que ya es un león moribundo y anestesiado.  Esta pulmonía es la más grave de su historia y Cataluña será un viaje más a Siberia del que saldrá muy perjudicado y con rancias perspectivas de futuro.

Pero, claro, lo peor para España no son las peleas internas de un partido, sino que gracias a la perversa Ley Electoral nacional, un PP en el que ya no cree casi nadie y un PSOE en el que se dejó de creer hace tiempo, siguen enrocados en casi 300 diputados y van a seguir siendo nuestros mayores representantes durante (posiblemente) otros 3 años más. Y la situación de España seguro que no se va a solucionar con un cambio de liderazgo dentro de los dos monstruos hipertróficos del bipartidismo español.

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